1940

A child pauses on the doorstep
of the newsagent’s shop
in Langley Street,
old Luton.

He looks up at the sky
above the slate roofs
of the terraced houses.

The trajectories of vapour trails,
curling spaghetti-like,
mark the dog fight taking place,
low on the horizon
over Luton Hoo.

That same day
he sees a trail of black smoke
growing longer and longer,
as it heads south and east.

“A burning German bomber,
perhaps,” someone says,
“trying to get away”.

●●●●●●●●●●

1940

Un niño se detiene
en el umbral de la tienda
que vende diarios
en la Calle Langley,
en la parte antigua
de Luton.

Mira el cielo
por encima de los techos de tejas
de las casas aledañas.

Las trayectorias de estelas de humo,
serpenteando como spaghetti
marcan el combate aéreo
que se libra allá en el horizonte
sobre Luton Hoo.

Ese mismo día
ve una línea de humo negro
extenderse cada vez más larga
hacia el sur y el este.

“Un bombardero alemán,
quizás”, alguien dice,
“tratando de escaparse”.

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The Pram – El cochecito

The Pram

I am not too sure
if it is the first thing
that I remember.

Nor am I sure
that I saw
what I think I saw.

It was an old-fashioned pram,
like the one that careers down the steps
in Eisenstein’s silent film,
The Battleship Potemkin.

My mother was pushing me
down the path
that runs beside
the Daisy Chain wall
near the rose beds
below Wardown Museum
in Luton.

She loved to walk
in that part of the park.

It had once been
an ornamental garden,
with an avenue of limes
and giant redwood trees
that I would later use
as punch bags.

Suddenly she started running
the pram was bouncing
I was not really sure
if she was still there.

The pram went this way and that
through the trees
as she tried to reach the safety
of the Bowling Green Alley.

Above me I could see
curving white lines,
it was as if they being drawn
by an invisible hand.

The tension and the agitation
seemed to grow
as the delicate lines
spread out like grasping fingers.

Then, the memory stops.

I think I can remember
the pram slowing down
and calm returning,
as it went up the hill,
but not much more
than that.

I suspect I fell asleep,
with all the excitement
and I often wonder
if I really do remember
the incident of the Luftwaffe bomber
or whether it is my mother’s story
and her memory
transferred to my mind.

El cochecito

No estoy muy seguro
de que sea la primera cosa que recuerde
,
ni tampoco de haber visto
lo que te describiré.

Era un cochecito anticuado
como el que baja a toda velocidad los peldaños
en la película muda de Eisenstein
El acorazado Potemkin.

Mi madre me empujaba
por el sendero lateral
de la muralla de La Guirnalda de las Margaritas
cerca de los rosedales
bajo el Museo Wardown
de Luton.

A ella le encantaba
esa zona del parque.

Antes había sido
un jardín ornamental,
con un paseo de tinos
y secuoyas gigantescas
que más tarde yo utilizaría
como sacos de arena.

Se puso a correr bruscamente,
el cochecito daba tumbos,
yo no percibía
si ella estaba aún allí.

El cochecito rodó por todas partes
entre los árboles
mientras intentaba alcanzar
la seguridad del sendero de la Bolera.

Por encima vi unas líneas blancas
que describían curvas,
fue como si una mano las dibujara.

La tensión y la agitación
parecían crecer
a medida que las líneas delicadas
se extendieron como dedos codiciosos.

Luego, el recuerdo se detiene.

Parecía que el cochecito
redujo la velocidad
y que la calma volvió
al subir la colina,
pero no mucho más
que eso.

Me imagino que me quedé dormido
con aquella conmoción
y a menudo me pregunto
si aquel recuerdo fue real,
el incidente del bombardero de la Luftwaffe,
o es la historia de mi madre
y el recuerdo de ella
traspolado a mi mente.

 

The Dream

It’s the end of August,
nineteen forty.

I am sitting at a table
having a beer
in a place called
‘The Salisbury Arms’
which once stood on the corner
of Windsor and Wellington Street.

All I can hear
is the loud tick-tock
of the landlady’s clock.

There is a terrible roar:
a direct hit
from a Luftwaffe bomb.
The pub lies in ruins around me
but, somehow,
I am all right.

When the dust clears,
I see a young lady,
the head girl
of a local school,
picking her way
through the debris.

She sees a man in uniform
sitting quietly,
sipping his drink.

“You saw him too!”
the landlady of the pub
says to her later.
“He’s the pub ghost.
He’s been here for years.”

It seems
that he was oblivious to it all,
as was I.

El sueño

Estamos a finales de agosto
de mil novecientos cuarenta.

Estoy sentado en la mesa
tomando una cerveza
en un lugar que se llama
‘The Salisbury Arms’
que se hallaba en el pasado
en la esquina
de las Calles Windsor y Wellington.

No escucho otra cosa
que el tictac fuerte
del reloj de la patrona.

Hay un estruendo terrible:
una bomba de la Luftwaffe
da en el blanco,
el pub está en ruinas a mi alrededor
pero, no sé cómo,
estoy bien.

Cuando el polvo se disipa,
veo una señorita,
la “head girl”,
la primera alumna
de un colegio del barrio,
que andaba con mucho cuidado
por los escombros.

Ella ve a un hombre uniformado
sentado, silencioso,
bebiendo a sorbos.

“¡Lo viste también!”
le dijo a ella más tarde la patrona.
“Es el fantasma del bar.
Lleva años aquí”.

Parece que él estaba ajeno
a lo que le rodeaba,
tanto como lo era yo.

 

The Hat Block

 

I often look at the block of wood

shaped like a head

that my father brought home

a long time ago now.

 

It has no eyes, no ears,

no nose, no mouth.

 

It seems as if the face

has been erased

although, of course,

it never had one.

 

In spite of all that,

the smooth round block

feels intelligent.

 

As a child

I loved running my hand

over it. I still do.

 

It feels like him.

 

It is now in the garden shed,

at the top of the garden,

looking down at me.

 

La horma de sombrero

 

Miro a menudo el bloque de madera

que tiene forma de cabeza

que mi padre trajo a casa

hace mucho tiempo.

 

No tiene ojos, ni orejas, ni nariz, ni boca.

 

Parece que la cara ha sido borrada

aunque, claro, nunca la tuvo.

 

A pesar de esto, al tocarlo,

el molde liso y redondo

parece inteligente.

 

De niño me encantaba pasar la mano por él.

Aún sigue siendo así.

 

Tengo la sensación de que es él.

 

Está ahora en el cobertizo,

al fondo del jardín,

mirándome.

 

 

Rhythms

The first poem I wrote

was triggered by the sound

of high heels striking the pavement,

outside our house

in Wardown Crescent.

 

I was fifteen.

 

A friend of mine,

who lives now in Río Colorado,

remembers the clip-clop, clip-clop

of horse-shoes on the cobble stones

outside his home in Bahía Blanca.

 

He can still hear the echo.

 

Flecked with quartz,

the grey stones, hacked out by convicts

from the quarries of Olavarría,

they are probably still there,

he says, buried under the tarmac.

 

He can still see

the tracks left in the dew

by the baker’s, the milkman’s and the butcher’s

cartwheels.

 

 

Ritmos

a Ramón Minieri

 

El primer poema que escribí

lo desató el sonido de zapatos de tacón

golpeando la vereda

fuera de nuestra casa

en Luton.

 

Tenía quince años.

 

Un amigo mío

que vive en Río Colorado

recuerda el clip-clop, clip-clop

de las herraduras

retumbando en los adoquines

fuera de su casa

en Bahia Blanca.

 

Todavía puede oír el eco.

 

Piedras grises, moteadas con cuarzo

partidas por convictos

en las canteras de Olavarría,

es probable que todavía estén ahí

sepultadas bajo el asfalto

 

Todavía puede ver en su mente

las huellas del carro del panadero

del lechero y del carnicero

que quedaron en el rocío.

 

Life

You go to college.
You get a job.
You look away
for an instant,
it seems,
and then,
when you have a free moment,
you look up your old companions
who don’t want to speak to you
because you didn’t stay in touch
or because they are dead.

Let’s go to the pub,
you say,
to the Cross Keys,
for example,
in Totternhoe,
there where some say John Bunyan
of The Pilgrim’s Progress
glimpsed Paradise.

It burnt down,
they reply.

La vida

Vas al colegio.
Consigues un trabajo.
Miras para otro lado
unos instantes,
así parece,
y luego,
cuando tienes un rato libre,
buscas a tus viejos compañeros,
que no quieren hablarte
porque no seguiste en contacto
o porque están muertos.

Vamos al pub,
decís,
al Cross Keys,
por ejemplo,
en Totternoe,
allí donde John Bunyan
el de El Progreso del peregrino
vislumbraba el paraíso.

Quedó reducido
a cenizas,
te contestan.

 

La libélula

Una de las primeras cosas
que recuerdo
es la libélula
que siempre volvía al mismo punto
vibrando
sobre los nenúfares blancos
en el estanque de los jardines
que llamamos
‘Detente un Momento’.

Nunca plegaba las alas
ni siquiera cuando se posaba.

En Luton soy esa libélula.

The Dragonfly

One of the first things
that I remember
is the dragonfly
that kept coming back to the same spot
quivering
above the white water lilies
in the pond of the gardens
we called
‘Bide-A-While’.

It never folded its wings,
even when it landed.

That’s how I am,
in Luton.

El ciego

 

Estuve sentado en un banco

de la plaza de San Jorge,

no la nueva, que me gusta,

sino la vieja, la que tenía los sauces,

ahora desaparecidos,

que me agradaba aún más.

 

De un lado estaban dos señoras mayores

que, no sé por qué, parecían familiares

y del otro, un ciego

a quien también reconocía.

 

Una ambulancia pasó.

La luz azul parpadeaba,

el sonido de la sirena llenaba

el centro de la ciudad.

 

El viejo gritó,

“¡Allí va la ambulancia!

¡Agárrate el cuello

hasta que veas un perro!”

 

“¡No, no!” gritaron las mujeres.

“Dices, ‘Allí pasa la ambulancia,

Agárrate el cuello

y no respires,

hasta que veas un perro!’”

 

Asintió con la cabeza y sonrió.

 

Vi una de sus manos

subir al cuello.

La otra bajó lentamente

para acariciar a su perro.

 

The Blind Man

I was sitting on a bench

in St George’s Square,

not the new square, which I like,

but the old one with the willow trees,

now gone, which I also liked.

 

On one side of me sat two old ladies

who looked, somehow, familiar

and, on the other, a blind old man,

whom I also recognised.

 

An ambulance went by,

its blue light flashing,

the sound of its siren

filling the town centre.

 

The old man shouted:

“There’s an ambulance!

Hold your collar

’til you see a dog !”

 

“No, no!”  the women cried.

“It’s: ‘There’s an ambulance,

hold your collar

and don’t breathe

’til you see a dog!’”

 

He nodded and smiled.

 

I saw one of his hands

go up to his collar.

 

The other went down slowly

to pat his dog.

 

The Surveillance Society

 

I told a poet,

who lives in Australia

and writes in Spanish,

that I didn’t know what to think

about the Surveillance Society.

 

She had asked me to type

my date of birth, my address, my telephone number

and so and so on,

into a new friend’s website.

 

I told her

that I couldn’t get it to work,

and that, anyway,

I was suspicious of that sort of thing,

that a debate was going on, in England,

about freedom

and the Surveillance State.

 

Then I read about some vandals

at Hockwell Ring, in Luton.

 

Each time the Council puts up a CCTV camera,

a gang of locals arrives and burns it down.

 

At first they set fire

to the gleaming new post,

then they use pickaxes

to smash up the control box.

 

I don’t know about you

but I just don’t know what to think

about our Surveillance Society.

 

 La Sociedad de la Vigilancia 

Le dije a un poeta

que vive en Australia

y escribe en español

que yo no sabía qué pensar

de la Sociedad de la Vigilancia.

Me había pedido que escribiera

mi fecha de nacimiento, mi dirección, mi número de teléfono

y todo lo demás

en el sitio web de una amiga nueva.

 

Le dije que no podía hacerlo funcionar

y que, bueno, desconfiaba de este tipo de cosas,

y que un debate tenía lugar, en Inglaterra,

acerca de la libertad

y el Estado de la Vigilancia.

Luego leí algo sobre unos vándalos

en Hockwell Ring , en Luton.

 

Siempre que el Ayuntamiento

instala una cámara de circuito cerrado

una pandilla de los habitantes del barrio

la quema y queda reducida a cenizas.

 

Para empezar inflaman el nuevo poste reluciente,

luego usan picos

para destrozar el tablero de control.

 

No sé vosotros,

pero no sé qué pensar

de nuestra Sociedad de la Vigilancia.

 

 

 

 About The Dragonfly:

The book follows the flow of time, not in a perfectly straight line, but inexorably towards the present. There are personal and collective memories, many of the latter half or completely forgotten. The book represents a restoration of aspects of the town’s collective memory.  There are references to war and Nazi bombers in the opening poems.  The hat industry features here and there. Old means of transport and its risks, horses and carts, old forms of entertainment provide themes. The car and aircraft industries provide rich sources of inspiration. Characters populate the book: a blind man, the novelist Joseph Conrad and (in his absence), the eccentric Guinea Pig Man, a Sikh market trader. The evolution of the town is felt as one reads the book. The way it is now, dominated by the airport and its activity, and poetic references to the surrounding area conclude what is, in effect, a reflection on change during more than a century of a Home Counties town’s history.

Poems from the dual language book La libélula y otros poemasThe Dragonfly and Other Poems. Lord Byron Ediciones, Colección Prometeo Desencadenado, Madrid,  2013.

Orders: Bob@verpress.com……………………………………………………………………………………………

 

 

 

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